Septiembre es un mes que llega con muchos cambios en nuestras casas: vuelta al trabajo, horarios, rutinas y sobre todo cambio de estación. Descubre cómo convinar los nuevos alimentos de la temporada con las temperaturas cálidas.

Septiembre es un mes de transición. El verano empieza a despedirse, pero las temperaturas todavía pueden ser elevadas y nuestro cuerpo sigue agradeciendo comidas frescas, ligeras y fáciles de digerir. Al mismo tiempo, los mercados comienzan a llenarse de nuevos ingredientes que anuncian la llegada del otoño.
Este cambio de estación es una buena oportunidad para adaptar nuestra alimentación de forma natural. No se trata de abandonar de golpe los platos frescos del verano, sino de incorporar poco a poco los alimentos propios de esta época y elegir preparaciones que respeten sus propiedades y resulten agradables incluso cuando todavía hace calor.
Consumir alimentos de temporada significa, en buena medida, comer siguiendo el ritmo de la naturaleza. Frutas, verduras y pescados alcanzan su mejor momento cuando las condiciones de cultivo o de pesca son las adecuadas, ofreciendo productos frescos, variados y con todo su sabor.

Los alimentos frescos y de temporada suelen llegar a nuestra mesa en un momento en el que sus características organolépticas están en su mejor expresión. Frutas y verduras maduras, por ejemplo, aportan sabor, textura, agua, fibra, vitaminas y minerales, elementos especialmente interesantes para mantener una alimentación variada y equilibrada.
¡Fíjate! Además coincide que suelen tener precios más ajustados debido a su abundancia.
Además, elegir productos de temporada y, siempre que sea posible, procedentes de nuestro entorno geográfico, favorece un consumo más vinculado al territorio. Los alimentos que necesitan menos desplazamiento desde su lugar de producción pueden reducir el impacto asociado al transporte y, al mismo tiempo, nos permiten descubrir y aprovechar mejor la riqueza gastronómica de cada zona.
La alimentación saludable no tiene por qué ser complicada. Una de las mejores estrategias consiste precisamente en basar las comidas en alimentos frescos y variados, procurando que frutas, verduras, legumbres, cereales, pescados y otros alimentos de calidad tengan un papel habitual en nuestra dieta.

Durante estas semanas todavía podemos disfrutar de muchas frutas características del final del verano, como melocotones, nectarinas, higos, uvas, ciruelas o melones, mientras empiezan a ganar protagonismo otros productos que nos acompañarán durante los meses más frescos.
¡Vuelven los cítricos cargados de vitamina C para ayudarnos a nuestras defensas!
Es un momento especialmente interesante para aprovechar la variedad. Las frutas pueden consumirse enteras, en macedonias, acompañando yogures naturales o formando parte de ensaladas, sin necesidad de recurrir a preparaciones elaboradas.
Las verduras también permiten mantener una cocina ligera. Tomates, pimientos, calabacín, berenjena y otras hortalizas pueden combinarse con los nuevos ingredientes de temporada para crear platos llenos de color y sabor.
A medida que avance el otoño aparecerán productos como la calabaza, las setas, las acelgas, las espinacas, la coliflor o el brócoli, entre muchos otros. Incorporarlos progresivamente nos permite variar nuestra alimentación sin necesidad de hacer cambios bruscos.

Que llegue septiembre no significa que tengamos que empezar inmediatamente con platos contundentes y preparaciones largas. Si las temperaturas todavía son altas, podemos aprovechar los alimentos de temporada utilizando técnicas de cocción sencillas que no añadan un exceso de calor al plato.
Una ensalada templada de verduras, un pescado acompañado de hortalizas, una crema fría de verduras o unas verduras salteadas con legumbres pueden convertirse en platos completos sin resultar pesados.
Las preparaciones al vapor, al horno a temperaturas moderadas, a la plancha, salteadas durante poco tiempo o simplemente en crudo son excelentes opciones. También podemos recurrir a cremas y sopas que, una vez preparadas, se pueden consumir templadas o frías.
La clave está en potenciar el sabor propio de los alimentos. Un buen producto de temporada necesita poco más que una combinación equilibrada de ingredientes, hierbas aromáticas, especias, aceite de oliva virgen extra y una cocción adecuada.

Las frutas y verduras deberían ocupar un lugar destacado en nuestra alimentación cotidiana. Su variedad de colores refleja también la diversidad de nutrientes y compuestos beneficiosos que contienen.
Una buena forma de aprovecharlas es variar tanto el tipo de alimento como la forma de consumirlo. Algunas frutas resultan perfectas para tomar entre horas, mientras que otras pueden incorporarse a desayunos o postres. Las verduras, por su parte, pueden formar parte de ensaladas, guarniciones, salteados, cremas o platos principales.
En esta época de transición podemos combinar los productos que todavía encontramos al final del verano con los primeros alimentos otoñales. Así, nuestra cocina se adapta al calendario sin perder frescura.
Además, consumir la fruta entera, siempre que sea posible, permite aprovechar su fibra y suele resultar más saciante que tomarla únicamente en forma de zumo.
Cuando hablamos de alimentos de temporada no debemos pensar únicamente en frutas y verduras. El pescado también está sujeto a ciclos naturales y a épocas más apropiadas para cada especie.
Incorporar pescado a nuestra alimentación contribuye a aumentar la variedad de fuentes de proteínas y, dependiendo de la especie, puede aportar grasas saludables, vitaminas y minerales. Para una alimentación equilibrada es interesante alternar diferentes tipos de pescado y combinarlos con verduras, legumbres, cereales y otros alimentos.
A la hora de elegirlo, podemos consultar qué especies son propias de cada época y cuáles proceden de zonas próximas. Apostar por productos locales y de temporada permite mantener una relación más cercana con los ciclos naturales y con la tradición gastronómica de nuestro territorio.

Seguir la temporada no significa que debamos renunciar a todos aquellos alimentos que encontramos durante todo el año. Hay productos que, gracias a las técnicas actuales de conservación, producción o distribución, están disponibles de forma prácticamente continua.
Los alimentos congelados, en conserva o correctamente almacenados también pueden formar parte de una alimentación saludable. De hecho, pueden ser recursos muy prácticos cuando no disponemos de producto fresco.
Lo importante es mantener el equilibrio y priorizar, siempre que sea posible, alimentos frescos y de calidad. En el caso de productos que proceden de lugares muy alejados, también podemos preguntarnos si existe una alternativa similar producida más cerca. No se trata de buscar una alimentación perfecta, sino de tomar decisiones más conscientes dentro de nuestras posibilidades.
Una alimentación variada y equilibrada es una de las bases para cuidar nuestra salud y bienestar. Incorporar alimentos frescos, respetar la temporada y adaptar las preparaciones a nuestras necesidades son pequeños gestos que pueden formar parte de nuestros hábitos cotidianos.
Desde Farmacia Cirici queremos acompañarte también en el cuidado diario de tu salud, ofreciendo información y consejos que te ayuden a tomar decisiones saludables en cada época del año.
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