Hoy 28 de julio se conmemora el día mundial de la Hepatitis.
¿Sabías por qué se eligió este día?
Se eligió por ser el día del nacimiento del Dr. Baruch Blumberg, galardonado con el Premio Nobel, quien descubrió el virus de la hepatitis B e inventó una prueba diagnóstica y la vacuna.

El día Mundial de la hepatitis trata de dar visibilidad a esta enfermedad y a su abordaje. Crear la suficiente sensibilidad e implicación de todos los medios para que en el 2030 disminuya la incidencia de casos y se mejore su diagnóstico.

La hepatitis vírica es una enfermedad transmisible que provoca inflamación aguda en el hígado. Existen diferentes tipos de Hepatitis según el tipo de virus causante del contagio. Encontramos la hepatitis A, B, C, D y E.
Tanto la hepatitis A como la E se contraen por vía fecal-oral, también entre personas susceptibles por falta de vacuna o que no han estado en contacto con el virus. El contagio se produce principalmente por alimentos y agua infectados por heces durante largos periodos de tiempo. El virus de la hepatitis A se excreta mayoritariamente por las heces y tiene la capacidad de sobrevivir en ellas durante tiempo. Este hecho sumando a la falta de higiene tanto del propio alimento, como la del agua, así como del núcleo familiar aumenta los casos de infección intrafamiliares.
Las hepatitis B y C se contraen por contagio de sangre contaminada y fluidos corporales en prácticas sexuales. La transmisión se da por compartir objetos punzantes contaminados con el virus, como agujas ya sea por drogodependencia o material no esterilizado en clínicas o centros médicos o de estética de poca confianza. También en casos de bancos de sangre con reservas de sangre contaminada. Éstos últimos ejercen una labor de detección del virus para reducir contagios.
Las hepatitis son transmisibles como decíamos al inicio, así pues, son potencialmente evitables.

La mayoría de las hepatitis no causan síntomas, los que puedan causar se pueden confundir con otras patologías leves: malestar general, dolor abdominal, náuseas. En la mayoría de los casos si no hay sospecha de contagio se diagnostican con analíticas para otra causa. En definitiva el diagnóstico es casual.

Una vez diagnosticada la hepatitis, el pronóstico es distinto para cada una de ellas. Mayoritariamente la hepatitis A y E se curan de forma espontánea y nunca se hacen crónicas. La mayoría de las hepatitis B se cura, pero un porcentaje de alrededor al 10% evoluciona a crónica. La hepatitis C es la que se hace crónica en la mayoría de los casos. Así pues esta última es de las pocas que se trata con medicamentos dado su cronicidad y complicación.

• Vacunarse. Seguir el plan de vacunación es primordial para evitar esta enfermedad.
• Evitar desplazarse a zonas donde la incidencia sea elevada
• Evitar el contagio con elementos punzantes no esterilizados.
• Realizar prácticas sexuales con protección.
• Acudir al médico lo antes posible si hay sospecha de contagio

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